Para muchos todavía es difícil hallar la certidumbre que les posibilite señalar con seguridad cuál fue el origen y, especialmente, el culpable de la ya aceptada crisis. Ahora que Solbes y compañía ya han salido del armario (en términos de razón y no partido) y todavía no se sabe con certeza cuándo y cómo acabará esto, la gente busca la luz al fondo de un túnel cuesta arriba que, además, tomaron por error al circular sin rumbo por sus mundos de economía sumergida y domésticamente sobrevalorada.

Leyendo estos dos artículos (
1 y
2) de prensa, uno acierta a pensar
el grave error informativo que para los españoles ha supuesto la inexistencia de educación financiera y empresarial en el país. En realidad lo más interesante no son los artículos en sí mismos, sino
los incendiarios comentarios que se derivan por parte de los lectores que, por el anónimo escrito internauta, parecen mucho más osados e intransigentes de lo que reconocen en televisión. Incluso con los casos ajenos a su país.

En el primero de los dos capítulos, una familia como cualquier otra, intenta concienciarnos, solidarizarnos o vete tú a saber acerca de su actual situación familiar en manos de los
comedores de beneficencia.

En realidad
su caso no deja de ser otro de esos casos en los que ese absurdo y titánico sentimiento de la propiedad tentó a una pareja que aprovechó la artificiosa coyuntura creditista española para “invertir” en su propia cadena perpetua. Sus precarios empleos asociados a los todopoderosos sectores de la hostelería y la construcción no fueron un problema para hipotecarse con total facilidad en un piso y, de paso, los muebles y la entrada de un coche de alta gama.¿Debe darnos pena una pareja que ha querido vivir por encima de sus posibilidades? ¿Sólo porque se trate de un fallo generalizado debemos pasar por alto nuestra inconsciencia sin reparar en errores? ¿Cómo hemos derivado en una sociedad de consumo salvaje que en veinte años ha pasado de ser un país subdesarrollado a un país del primer mundo con mucha construcción pero pocos cimientos? Entramos en la UE y nos creímos más avanzados de lo que somos.(*3) ¿Quién es el culpable de esta precaridad laboral y de la crisis en general?
Yo lo tengo claro:
los bancos. Ellos son los principales (que no únicos) culpables de la crisis que nos agita al mundo entero. Ellos son los principales responsables de este adebacle financiero, crediticio, hipotecario o como quiera llamársele. ¿Por qué?
Por haber creado una burbuja piramidal del propio sistema de crédito internacional e interbancario. Lo mismo que ha pasado taaantas veces con otras entidades de inversión y bancos, ahora agita la financiación y hacienda interestatal que antes intervenía a los que le antecedieron en rasgos muchos menores sin rendirles el debido tributo (véase AFINSA, FORUM FILATÉLICO, BANESTO...). Aunque eso es otra historia.

En realidad
los ciudadanos también tenemos nuestra culpa y, por supuesto, con ella la clase política.
Estamos acostumbrados a vivir en un país en el que, mientras el pan no falta, nadie pregunta nada ni se preocupa por nada. Un país en el que, meter el dinero en el banco, arriesgarlo poco y gastarlo mucho era casi una tradición y nada nos importaba saber cuál era la trastienda de esa entidad financiera porque siempre que quería sacar dinero iba al cajero o, como mucho, esperaba a fin de mes. Y es que, con un sueldo de cajera me pagaba el coche, la hipoteca a medias con mi novio*, los vicios, la fiesta, los caprichos y no ahorraba ni invertía lo más mínimo.
“Hay que vivir el momento” rezaban los jóvenes que alzaban su botella en los reportajes del botellón. “
Hay que disfrutar un poco en la vida” teorizaba aquel albañil al que retrataban por televisión en aquel trozo de playa convertida en metrópoli en pleno julio. A mi mismo, al salir de GH me preguntaban
“¿por qué sigues con el mismo coche?”. Jamás contestaba. Estaba harto de sordos que no querían oír.
Antaño vivir de alquiler estaba peor visto que tener propiedades. Hoy día, esta anticuada percepción sufre un escarmiento.
Estamos pagando las consecuencias de una nula capacidad de análisis y precaución económica. *Consecuencias especialmente duras agravadas en parte por la degradada unidad familiar/conyugal, el fácil divorcio y nuestra escasa cultura del esfuerzo y el compromiso por nada (y menos a largo plazo).
Hemos sido incapaces de ahorrar, incapaces de meter dinero más allá de un plazo fijo o un inmueble que se revalorizaba geométricamente sin desconfiar lo más mínimo de que algo no estaba siendo del todo lógico. Nuestro cáncer se estaba extendiendo. Ahora
somos víctimas de nuestro propio carpe diem subprime, de nuestro afán por vivir al ritmo de los países escandinavos pese estar recién salidos de una autocracia en plena maduración. Nos creímos desarrollados porque llevábamos años siendo el caribe de Europa (sobretodo antes del euro) y porque los hipócritas políticos nos decían que necesitábamos inmigrantes para emplear, porque ese ya no era trabajo para nosotros, que, pese ser culturamente justitos, eramos ya unos burgueses de la paella, la fiesta y la hormigonera. Llegamos incluso a colgar el san benito de racista a aquel que ponía en duda el beneficio de esa cómica política de inmigración que satura ahora nuestro país de extranjeros parados.
El caso es que ahora pretendemos pagar íntegro su paro para volver a su país. ¿Bastará eso para reconocer que hay algo que no hemos hecho bien? Nosotros no somos un país que podamos o hayamos podido jamás erradicar la pobreza en el mundo, ¿¡qué moto pretendían vendernos?! Por unos años parecía que arreglar el tercer mundo dependía de los Españoles.
Ahora la delincuencia aumenta entre los más arruinados y, lógicamente, la mayoría de ellos son inmigrantes que no lograron prosperar lo suficiente. ¿Cuál va a ser el próximo parche político para arreglar esto? ¿Fomentar el empleo creando puestos de policía? Ese es el típico saber hacer de nuestra clase política.

¿Es que acaso nadie se daba cuenta de la chapuza de tales políticas?
Nosotros no necesitamos ni hemos necesitado jamás inmigrantes en este país. E
n realidad, ese era un pretexto para conseguir mano de obra barata, rápida y fácil. La opción correcta, en este caso, hubiera sido favorecer y facilitar el empleo en España. Aumentar los salarios, derechos y las ayudas a jóvenes y madres solteras, aumentar los impuestos en vez de bajarlos y ofrecer un mayor y más competente sector público: sanidad menos atestada, educación más disciplinaria y fuerte*2, mejora de servicios sociales como la atención domiciliaria a nuestros mayores, evitar la
fuga de cerebros mediante inversiones en I + D + i... Todo ello son políticas vigentes hace muchos años en los países más desarrollados con leyes de inmigración más estrictas. Por supuesto
un cambio tan drástico y fundamentalista era demasiado lento y macrometafísico como para servir en un programa electoral pensado cada cuatro años vista y la sociedad tampoco se ha molestado en buscarlo por su propia cuenta. ¿Para qué? Si me he comprado la WII, la PS3 y tengo para pasarme la tarde del sábado fumando porros hasta salir de farra por la noche a despilfarrar. Perdonad que sea tan concreto pero, ¿no se supone que somos los jóvenes los que debemos revindicar todas esas cosas? Ahora lo único que veo son párrafos como
este que aparece en la edición digital del mundo:
"Más de cinco millones de inmigrantes han ayudado a duplicar el ingreso per cápita en la última década, pero ahora compiten con los españoles por unos empleos que ahora se pagan por mucho menos que hace un par de años."Alquilar es de pobre, es tirar el dinero. Trabajar en la construcción es para los desgraciados. Invertir es para ricos. El racismo es de xenófobos anclados en el pasado. Hay que vivir al día, estamos en una democracia. El mundo es de todos. Los pobres somos cada vez más pobres y los ricos más ricos: hay que dar empleo a quien viene mendigando. ¿Cuántas veces nos hemos hinchado a oir este séquito de argumentos miméticos y superficialmente acuñados?
"En el comedor estoy bien, pero si continúa el hambre empezaré a pensar mal y miraré cómo salir a la calle y robar", dijo García Martínez, de 33 años, a un inmigrante ecuatoriano cuya casa se la ha quedado el banco con el que se hipotecó. Fuente diario El Mundo.
Estamos pagando las consecuencias de algo en lo que todos contribuíamos para que saliera mal. El banco me pagaba hasta los muebles de esta super casa nueva en la que me hipotecaba con un sueldo de obra y servicio como informático de una creciente constructora de un señor que, hasta hace quince años, trabajaba de pocero. El gobierno obtenía beneficios astronómicos que crecían sin fin gracias a una especulación que no retrocedía pese la aparición de destinos turísticos alternativos que nadie parecía ver. Llegó el euro y seguíamos ciegos a esta realidad. Entonces, el inmigrante que ahora chupa del sistema, cotizaba y eso le convertía en ciudadano de pleno derecho. Necesitábamos de su barato jornal para seguir vendiendo propiedades a guiris retirados y especuladores. Eso aumentaba las rentas de un país que vivía como evolucionado pese seguir bebiendo del mismo pozo que hace cincuenta años. Ese era el gigante de pies de barro... ups! ¿dije barro? Quise decir hormigón.
*Las relaciones interpersonales son un indicativo del progreso de un país. Esta crisis también tiene un carácter cultural y social.*2
España es uno de los países con las más altas tasas de abandono de cualquier país desarrollado, uno de cada tres alumnos en España no finaliza la enseñanza obligatoria a los 16 años.*3
Según la ONG católica Caritas, España es uno de los países de la Unión Europea con las tasas de pobreza más altas, 8,5 millones de personas, un 19% de la población. No obstante, la cifra podría aumentar ante la perspectiva de que el paro alcance a cinco millones de ciudadanos.