
Este finde quise desconectar del mundo y conducir. Y qué mejor forma para ello que buscar uno de esos parajes de la estepa española en los que, por haber, no hay ni cobertura. A unos 550 kilómetros de mi casa, pero mereció la pena.
P

or primera vez en mi vida quise catar eso del turismo rural y acabé mis andanzas en el pequeño y apacible pueblo de Chumillas, a unos cuarenta kilómetros de Cuenca. Todo un descanso para recargar baterías.
Se trata de un lugar estupendo para comer cabrito, hincharse a zurra y catar el ajo atao. Un ambiente muy tranquilo y bucólico donde retirarse a pensar, caminar por parajes de sosiego y disfrutar de unas vistas que recordaban a los descritos por Tolkien en sus obras más exitosas. Me ha venido fabulosamente, la verdad.

Como recomendación -ya que nunca publicito nada de lo que hago- os mentaré la estupenda casa rural en la que estuve alojado:
La marquesa del Candalar. Una masía edificada en el siglo XVIII recientemente reformada, muy confortable y con todo tipo de lujos para un fin de semana de cómodo ambiente campestre (tienen jacuzzi y barbacoa!!!).

He podido jugar a baloncesto, fútbol, frontón y pegarme unas siestas de puta madre. Además, en el bar del pueblo tienen unas olivas y unas cortezas de lo mejor que he probado en mi vida. Aquí os paso unas instantáneas para ver si a alguno le pica el gusanillo ;) Permitidme que os ponga los dientes largos con la vidorra que me he pegado este fin de semana jejeje


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