
Para ingleses, alemanes y franceses, el verbo ser y estar -«to be», «sein» y «étre»- comparten la misma palabra. Yo soy más de la dicotomía castellana por la que estar no es lo mismo que ser. Yo mismo me convertí en mi peor enemigo cuando, sin saber estar, en uno de los recursos más burdos para perder un debate, burlé la templanza y clase que siempre he procurado como persona que soy. Para Hegel era crucial saber ser, mientras que a nosotros desde pequeños nos enseñan a saber estar. Quizás por eso reproduzco lo ocurrido y me siento un poco pequeñito.
En realidad, mi comentario no hubiera trascendido más allá de una anécdota si no coincidiera con la impresión de miles de personas. Y es que, como bien es sabido, hay reivindicaciones que han provocado históricamente el escarnio de los que se resistían a abordar un asunto con franqueza e igualdad. Escapa de mi cometido y el de este texto perderme en ejemplos históricos pero creo conveniente echar la vista atrás unos años. En realidad mi comentario no habría trascendido de no coincidir con el de miles de personas
Lejos quedan ya aquellos logros cosechados en nuestro gremio durante la época de la Transición e inminentemente posterior junto a figuras como la de Victoria Prego, Balbín, Gabilondo y demás actores del denominado “cuarto poder” de entonces. Los primeros y tuteados Buenas Noches o el loable éxito cosechado en Queremos Saber. Mal que irreconocidamente le pese, Mercedes Milá será popularmente conocida por el libro de Umbral, la palangana de Cela, el culo de Jesulín y por ser la presentadora que puso cara al que para muchos es el estandarte de la telebasura. Me conformo con ser una mera anécdota de ese palmarés, como apuntan algunos grupos de creciente popularidad en Facebook. Sé que no es lo más elegante, reconozco sacar suspenso en finura semántica, pero yo no tengo el poder fáctico de poner a una cadena en contra de nadie, con su consiguiente veto como aval de mi sobredosis de egocentrismo. ¿A qué debería deberse ese titánico respeto hacia una persona que he visto en cuatro contadas ocasiones y que no ha profesado más que un evidente oprobio hacia mi persona?
No existe mayor aval para una idea que la calidad de sus propios detractores. Aquello que más respalda lo que aquí pongo de manifiesto son, precisamente, sus críticas y autorías. No he encontrado argumento alguno en mi contra que no proviniera de alguien que no cobrase por ello. ¿Adivináis desde qué cadena? Me remito al paradigma de Laswell que aprendí en primero de periodismo (las cinco W's, tomen nota contertulios de telecirco): ¿quién dice qué a quién en qué canal con qué efecto? Y, ante todo, ¿con qué intención? ¿La de renovar contrato? ¿La de no perder tu silla?
Habrá incluso quien piense que esto lo hice con intención de sacar platós. Como si en algún momento de mi vida -a diferencia de casi todos los que me acusan- me hubiera dedicado a mendigar mediáticamente, malvendiendo o siquiera alquilando mi honrosa intimidad. Para Shakespeare, la cuestión era ser o no ser, pero nosotros sabemos que aquí lo que cuenta es estar o no estar. Todos los que hemos servido de cerca a Telecinco sabemos que el culto a Mercedes y Paolo Vasile -una persona que asegura “no existe la buena o la mala televisión, existe la televisión que la gente ve y la que no ve”- son condiciones sine qua non para cualquiera que aspire a ganarse la vida en ese circo. Les amarás por encima de tu integridad, reza su libro de estilo no escrito. Amén.
Habrá quien piense que esto lo hice con intención de sacar platós
Insisto. Con todo esto no pretendo salir en Interviú, ni me he vuelto loco por procurar mi continuidad televisada presentando un call-tv o haciendo las de oportunista e intalentoso colaborador de ninguna parte. La triste pero reveladora realidad, sucios allegados, es que a unos pocos de nosotros -los muy menos-, los que evidenciamos su falta de recursos fuera del cue, los que no la felicitamos por su vestimenta o su peinado, en telecirco nos temen menos con la boca cosida y una escopeta en mano que con un minuto y medio de libre monólogo en prime time. Eso es lo que cabe deducir por unas formas que desquician por la incoherencia, la animadversionista parcialidad y la censura características del autócrata rol que esta periodista venida a menos ejerce en su adulterado y corporativista mundo de yuppie. Y es que, ese “Bueno, pues y qué” que la diosa del universo soltó después del famoso chocheas, no me sonó, si no, a una pueril pataleta de las de “rebota, rebota y en tu culo explota”.
Mercedes, hay todo un mundo detrás del pilotito rojo. He aquí un par de preguntas de las que nos haces “a tus niños”. Quizás a ti sí que te convendría hacértelas también, ¿en algún momento te olvidas de las cámaras? ¿quieres saber lo que opinan tus compañeros de ti?
Sinceramente, tengo la impresión que, por tanto bailarle el agua, esta señora ha perdido la capacidad de discernir entre la profana admiración y el falso y casposo peloteo que le profesan los convertidos al milanismo, trabajadores de la cadena y víctimas del “Estar” System en general. Y es que, como decía Nietzsche, es más sencillo cargar con una mala conciencia que con una mala reputación... no digamos ya con un sueldo mileurista y cuarenta horas de jornada laboral en el país de la picaresca.
Y es ese mismo comportamiento que, en repetidas ocasiones, desde la vergüenza ajena ha llegado a producirme verdaderas crisis personales. Dudaba ser consciente o estar soñando ante una realidad paralela en la que esta señora no era ni faraona, ni princesa, ni chamán, ni bufona pregonera de un mundo fundamentado en el voyeurismo, ya por once más una veces. Y con perdón por los que escapan por las costuras de cualquier generalización, que siempre los hay. Lo dedico con especial atención a aquellos que todavía se creen todo lo que sale por la tele y fueron incapaces de entender el doble fondo de Dani “el Sucio”. Los mismos que me juzgaron con acritud al creer que me conocían por el mero hecho de haberme visto en televisión. Los mismos mequetrefes que se creyeron que podía existir persona que, estando licenciado con veinticuatro años, podía ser racista, homófobo, putero y machista en unos términos que el sentido común arrojaba al absurdo. Que podría ser el caso, pero no el mío. Y que nadie se lo tome como una retractación porque siquiera es la primera vez que lo digo, pero yo no tengo ninguna camisa blanca con broches por detrás.
Siendo honestos, si nadie tuvo las agallas de hacer lo que yo hice, no fue por falta de ganas o diferencia de impresiones -inferencias obtenidas desde el confesionario sin pilotito rojo que supone la vida off the record-. Se debe a una mera cobardía hacia una persona que, autonombrada como vocal del pueblo, se dedica a mandar esporádicos saludos a nombres de pila -de incontrastada existencia- y a vestirse de forma hortera para reivindicar causas sociales que, en realidad, poca relación guardan con su entorno cercano. Me parece muy triste cuando analizamos los modelos que entronizamos en nuestra sociedad. Son el vivo ejemplo de una escala de valores en la que prima el estar por delante del ser. Y es una pena que, los más de 160 compañeros, algunos de los cuales, asienten del mismo modo, duden hacer público el pensamiento que confiesan de tapadillo por la puerta de atrás.
Espero que mi frasecita de marras no le sirva ahora como pretexto para vestir uno de esos absurdos chalecos que aboguen oportunistamente por el respeto a nuestros mayores. Sería el colmo aún sin sorprenderme demasiado ya que, como bien dejé dicho y grabado, con el debido respeto,
Mercedes: chocheas.
P.d: Me encantó el gif animado, me pareció muy cachondo. Muchas gracias al autor.
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