Hoy quiero escribir acerca de algo que parece lejano… sobretodo cuando me pongo a contar y salen quince años. Es algo que no viví porque, gracias a Dios, a mi estas cosas no me van pero que sí recuerdo con bastante vivacidad de mis años mozos, cabría decir pueriles incluso. A mi no me gusta salir de fiesta, jamás me motivó demasiado. Incluso cuando tuve edad de hacerlo la idea de embutirme entre ese atestado campo de nabos sudorosos y alcoholizados en busca de hembras en celo por el módico precio de 12 euros la entrada y ocho la consumición (de estupefacientes ya ni hablamos) no me seducía lo más mínimo. Siempre fui una persona muy casera, gran amante de los ordenadores, reservado y algo asocial. Lo reconozco y no me avergüenza lo más mínimo porque creo que me hace y describe como yo soy. No tengo sensación de haberme perdido nada o, al menos, nada de provecho. Espero que el tocho os resulte mínimamente interesante.



Tostones personales aparte, permitidme ahora hablaros de lo que en su día los medios rebautizaron como “Ruta del Bakalao”. La originariamente apodada como “Ruta Destroy” es el movimiento originado en los años 80 cuyo apogeo mediático tuvo lugar a principios de los 90 en Valencia. Sus orígenes se remontan a finales de los 70 pero no me quiero extender demasiado en pormenores porque tenéis más información en la red si realmente os interesa saber más.

A muchos os sonará, aunque sea desde fuera, como a mí. Consistió en el mayor movimiento "clubbing" de España, hecho por y para españoles fundamentalmente, e inició dicho movimiento "clubbing" en el país, tal cual lo conocemos hoy en día. De hecho, no se puede desligar la forma de ocio nocturno de los españoles de hoy de lo que se heredó de este movimiento. Básicamente consistía en el desplazamiento por carretera de miles de jóvenes españoles entre las discotecas del área metropolitana de Valencia, de entre las cuales destacaron salas como Barraca, Spook Factory, Chocolate, Espiral, NOD (acrónimo del lema “no olvides drogarte”), Puzzle, y ACTV (supuesto acrónimo de “Arturo controla toda Valencia”), cada fin de semana, y sin apenas descanso.

La Ruta Destroy sentó un precedente en un país recién salido de una transición democrática tras la época franquista, lo cual explica las ansias de libertad que se respiraba en todo el país. La legislación española, en todo lo tocante al ocio nocturno, era aún muy inmadura debido al legado del franquismo, y estaba llena de vacíos legales, los cuales, los empresarios de estas discotecas supieron aprovechar. Estos factores, unidos a la gran permisividad y aperturismo de una sociedad con ganas de compensar la represión franquista, al carácter jovial y festivo de los valencianos, y también, a la menor preocupación e información de ciertos aspectos como las drogas, fueron el fuego que encendió la mecha.

La fama se disparó sobretodo a partir del año 87. Valencia empezó a llamar gradualmente y cada vez más la atención de gran parte de la juventud en España por sus horarios interminables, por la gran armonía existente y la tremenda libertad que se respiraba, sin apenas presiones de ningún tipo a nivel político, social o policial, y por ser el único lugar en España en pinchar un combinado de música electrónica vanguardista de aquella época junto con pop/rock independiente de importación. La aparición de nuevas drogas de diseño consumida en la misma pista de baile o los baños mixtos se encargó de ambientar un poco más las interminables noches de la reconocida ruta. De las Mezcalinas -drogas también derivadas de las anfetaminas, pero más enérgicas y menos alucinógenas- al MDMA o el éxtasis, MDA, metanfetamina o speed. Perderse ahora en nombres de locales (mucho más rupestres de lo que es de ley hoy día, muchos de ellos meros graneros, naves industriales o carpas circenses) y DJ’s es hilar demasiado fino para las pretensiones de este post. Lo típico: que si pinchadiscos de nombre y procedencia exótica, sesiones que se iniciaban a las 7 de la mañana y se prolongaban hasta el lunes o martes por la tarde (hubo una discoteca llamada Zona dedicada casi exclusivamente a su sesión de los lunes por la mañana!), aparcamientos atestados de coches y preservativos por el suelo y un ambiente de estupefacta hermandad tan feliz como colocada. Las primeras Raves, sesiones de after-hours y fiestas en la playa como se conocen hoy día tuvieron lugar ahí. En muchos casos, la gente que salía "de ruta" ni siquiera contrataba alojamiento en Valencia, si es que venía de fuera, y muchos no volvían a casa, si vivían cerca, sino que literalmente pasaban las 72 horas del fin de semana "de fiesta" en los locales, salvo pequeñas pausas para dormir o comer algo, muchas veces en el mismo coche o en los parkings de las discotecas. También se empezó a hacer frecuente la costumbre de salir de fiesta por la mañana, tras haber dormido por la noche (los menos). “Vivir sin dormir” era otro de los lemas comunes compartidos en esas noches interminables.

La cosa siguió en ritmo creciente y ya en el año 1991 llegó a producirse un verdadero movimiento social de dimensiones extraordinarias. Más de 30.000 jóvenes de todas partes de España se congregaban, sólo en las diferentes discotecas de la Ruta Destroy, en torno a la ciudad del Turia, para pasar fines de semana inolvidables. Se habla de 50.000 en sus fines de semana más relevantes. Muchos de ellos hacían casi cada semana cientos de kilómetros sólo por vivir la llamada fiesta valenciana, también conocido como festival valenciano. Adicionalmente, empezó a hacerse muy común el hecho de fletar autobuses desde cualquier punto de la península para un desplazamiento más cómodo y barato junto con gente del mismo signo. Pero aunque este año y el siguiente marcaron el final de una época gloriosa, el boom de jóvenes llegados de todas partes continuaría hasta el año 1994. A partir de 1995 el descenso fue en picado. De un foro leo un comentario que me llama la atención: “Soy de Valencia y vivo cerca de esas macrodiscotecas q comentas y ciertamente tb he oido miles de cosas sobre aquella epoca. decirte q lo de los acccidentes de trafico q comentabas habia una carretera q llevaba a Sueca (cerca de Chocolate, NOD,...) q tenia el indice de siniestrabilidad mas alto de europa en la epoca esa...por algo seria no? (decirte q es un recta superlarga...asi q hazte la idea de pq se salian de ella y acababan en los arrozales) Salu2.

A partir de 1992, los medios de comunicación empiezan a hacerse eco de forma masiva de este movimiento. Desde 1993, los despliegues policiales empiezan a abundar, empieza a haber una gran alarma y presión social debido a la satanización de este movimiento de ocio por parte de los medios, e incluso de los políticos. De hecho, mientras el término Ruta Destroy fue acuñado por Vicente Pizcueta, otro gurú de la noche valenciana y responsable principal de Barraca, el término Ruta del Bakalao fue, en cambio, de invención por parte de los políticos del Gobierno del PSOE, en especial por parte del entonces ministro del Interior José Luis Corcuera, siendo Rafel Vera Secretario de Estado para la Seguridad, y fue usado hasta la saciedad por los medios de comunicación como modo de dar nombre a uno de sus principales caballos de batalla, a raíz de la palabra bakalao, que ya venía usándose junto con makina desde años antes para denominar al techno y ebm, que realmente todavía estaba alejado del techno ramplón de años después.

Otro factor que tuvo relativa importancia en la satanización de la Ruta por parte de la sociedad fue el tristemente célebre caso de las niñas de Alcásser, las cuales fueron raptadas cuando se dirigían a una conocida sala de Picassent llamada Coolor, una de las muchas discotecas de pueblo que por entonces existían. La prensa valenciana se apresuró a extender de manera obsesiva que el principal secuestrador y asesino de las niñas, Antonio Anglés, era un habitual visitante de las discotecas del bakalao.

Así pues, la música comienza a ganar bpm’s (revoluciones) y perder calidad. Los años 93 y 94 siguen atrayendo masas ingentes de jóvenes, aunque va siendo gente con menos inquietudes sobre la calidad musical, seriamente mermada. La gente variada, los peinados y looks extraños y ochenteros, que aún pervivían hasta 1992 o el 93, el cuero, las camisas estridentes y la ropa llamativa, van dejando paso rápidamente al corte de pelo al rape, los grandes aros en la oreja izquierda, las zapatillas, los chándales, o las bombers a modo de ejército clónico.

Se ponen de moda nuevas salas relativamente cercanas a Valencia que apuestan directamente por atraer el clima de cordialidad, libertad y buen rollo, pero dejando directamente el nivel musical en un plano secundario, y atrayendo principalmente gente muy joven, de 18 a veintipocos años. Ya la mierda era poco sectaria como para mantener la calidad. La pérdida de pureza de la droga y otros factores, como la atracción de gente conflictiva, ocasionan cada vez más problemas de peleas y mal ambiente. Muchos de los trabajos de puerta de discotecas se les empieza a encomendar a individuos agresivos que realmente aumentan la sensación de inseguridad. Algunas salas se cerraron y se reabrieron con los años. Otras salas por el contrario se renovaron, cambiaron de nombre, dueños y/o estilo musical, caso de Heaven, ACTV, NOD o Zona, y otras nunca volverán a existir, caso de Espiral y Punto Rojo, cuyos edificios fueron demolidos. Las consecuencias de la decadencia de la noche valenciana fueron realmente desastrosas. A partir del año 1996 nadie de fuera de Valencia apostaba por lo que antes era un sueño. Debido principalmente a la radicalización y banalización musical, y a la presión ejercida, Valencia se desinfló. Se extinguió por completo la vocación transgresora de las salas y la oferta de ocio se industrializó. Las discotecas se anunciaban en las paradas de metro y su sentido se desvirtuó, porque no podían ser algo en torno a lo cual girara la vida de las personas.

En definitiva, ya a finales de los 90, casi ninguna sala dedicada a sonidos derivados y evolucionados de esta movida (sonidos ya minoritarios), es capaz de superar con éxito la prueba hoy en día difícilmente superable del ambiente de casi absoluta cordialidad, y la violencia y la agresividad empiezan a ser una tónica habitual en esa clase de locales.

Me he tomado la libertad de linkaros un pequeño documental de una hora de duración de mi colección personal. Es un documento videográfico llamado “Hasta que el cuerpo aguante” emitido por Canal+ en el año 93 sacado de un viejo VHS pero de buena calidad. Supuestamente es un video que causo mucho daño a la ruta en su momento, propiciando la alerta y posterior llegada restrictiva de la policía nacional. Es muy interesante y está dividido en dos partes de una media hora aproximadamente. Realmente impactan las pintas, la gente, los coches, los garitos… resulta curioso cuanto menos. A mi me gustaría ver en qué situación estarán a fecha de hoy los que queden de aquel movimiento parasito-social. Currelas de la obra que se pegaban la semana deslomándose para luego fundírselo todo en chuflas, gasolina, consumiciones y la ropa para maquearse. Qué tiempos aquellos… y fueron felices y comieron… ¿pastillas?

Lo dicho, si indagáis algo más por la red encontraréis desde flyers de las catedrales más representativas hasta fotos de la peña, testimonios como estos e información de todo un movimiento social, quizás más desprestigiado que la movida madrileña pero igualmente importante para hablar del ocio nocturno juvenil de la recién estrenada transición. Existen algunos libros que versan también sobre el tema y he encontrado algunos vídeos adicionales. Este se emitió en la 2 no sé exactamente cuándo (aunque recomiendo verlo en segundo lugar), este es del 94, este otro es un trailer de otro documental que se ha puesto recientemente a la venta (más info aquí) y este es uno de unos cinco minutos locutado por Pérez Reverte. Que lo disfrutéis.






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7 comentarios

  1. Anónimo // 12 de junio de 2008, 18:09  

    Muy bueno el documental, lo digo porque me cagué de risa. La gente bailando como gallina cacareando, gastándose un dineral y como tú lo dices comiendo pastillas.
    Algo que me causó tanta gracia fue el momento de la chica pidiendo polla y el otro de tanto disfrute con las pastillas ni le importa un buen pan casero, aparte la gente veinte-añera parecían de treinta.
    Tanta rutina y disfrute del desmadre le daba igual alimentarse con un buen polvo, y si lo hacían no creo que lo hayan disfrutado incluso recordado.
    Pues yo soy como tú, prefiero ir a un bar tranquilo con un par de amigos a tomarnos un par de copas y luego rompérmela a mi novia las veces que quiera en mi cama.
    Debo destacar y lo que mas me gusto fue el tremendo paisaje y el carretón pasando por la playa en el minuto 11:29 de la segunda parte, sin duda alguna , lo mejor del documental.

  2. Dani "el sucio" // 12 de junio de 2008, 20:35  

    Celebro que te haya gustado el documental amigo anónimo. A mi también me parece muy cachondo, la verdad.

    Lo cierto es que, pese que jamás de los jamases me hubiera gustado inmiscuirme en estos ambientes, no me importaría si a fecha de hoy la ruta siguiera viva, intentar ir una noche a otear el terreno en un par de locales. Simplemente para observar desde la arena lo que era la ruta Destroy... aunque probablemente me plantaría a mitad de la sesión pq me conozco y soy de los que a las 3 a.m. está hasta los huevos y loco por irse a casa.

  3. Anónimo // 20 de junio de 2008, 0:56  

    Hola,os recomiendo un libro que estoy a punto de sacar para la primera semana de julio sobre este tema. La Ruta lo queramos o no fue un fenómeno social comparable al punk o hippie.
    +info:www.larutadelbacalao.blogspot.com

  4. Dani "el sucio" // 20 de junio de 2008, 10:16  

    Hola anónimo. Interesante libro, existen varios sobre ese tema. Te deseo mucha suerte en tu nueva apuesta bloggera.

  5. Anónimo // 23 de junio de 2008, 9:39  

    Hola Dani. Yo sólo conozco el "En Extasí" del autor Oleaque. Cual más hay.

  6. Anónimo // 24 de junio de 2008, 16:58  

    Bueno de todo aquello sólo nos quedan herpes, talco y techno-house, una pena oiga.

  7. Arturo // 3 de febrero de 2009, 10:22  
    Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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